Eso es lo que cobra un despacho por entrar al portal, copiar lo precargado y enviar. Al Corriente hace ese trabajo — y además revisa lo que nadie está revisando.
Tu computadora descifra la llave y firma la petición al SAT. Nuestro servidor sólo lleva el sobre ya cerrado — no tiene código para recibir una llave ni una contraseña, y lo rechaza si alguien lo intenta.
Este producto nació de un caso real: un despacho que tramitó la e.firma de su cliente a nombre del correo del despacho, lo dejó cinco meses sin declarar, y lo tuvo años en el régimen equivocado. Ninguna de esas fallas fue de cálculo. Todas fueron de que nadie estaba revisando.
El correo con el que se tramitó una e.firma queda pegado a ella, y con él se puede revocar y renovar. Está dentro de tu propio certificado, y casi nadie lo ha mirado nunca.
Esto es la primera versión y hace una cosa: revisar tu e.firma. El resto del producto —bajar tus facturas, revisar tu régimen, calcular tus declaraciones y emitir tus facturas— está construido y probado, pero todavía no conectado aquí. Prefiero decírtelo a que lo descubras tú.
Se empieza por la e.firma porque es la revisión que más riesgo te quita y la única que no necesita servidor: todo sale del certificado que ya tienes. Pruébala.
Son los dos archivos que te dio el SAT y tu contraseña. Se quedan en esta pestaña: al recargar la página desaparecen.
Revisando
Nada de esto se guardó. Tu llave, tu contraseña y este resultado viven sólo en esta pestaña, y se van al cerrarla.